Mi mundo

La importancia de caer para volver a empezar

He estado bastante tiempo en una especie de cuerda floja. A la mínima racha de viento perdía el equilibrio y todas las cosas que llevaba encima se caían al abismo. Y eso me frustraba, me dolía. Iba acabando poco a poco con mis ánimos. 

Hace poco la racha de viento fue tan fuerte que no solo se cayeron las cosas que llevaba encima, sino que también caí yo. Y caí en un abismo tan profundo que durante días sentía el vértigo en mi estómago. Y pensaba “¿pero es que esto no acaba nunca?”. Pero sí, acabó.

Y terminé el fondo de ese abismo, a oscuras, dolida, triste y, sobre todo, perdida. 

Se tarda tiempo en reaccionar. No toma unos segundos ni unas horas darte cuenta de dónde estás. Pasan días hasta que algo en tu mente reacciona y se sitúa. Y ahí es donde empieza la aventura: justo en el momento en el que sabes que has tocado fondo

Las primeras horas son de desconcierto. No escuchas bien, todos los sonidos llegan amortiguados. La gente habla pero sus palabras no llegan bien a tu cerebro, son mensajes entrecortados. La conexión que antes tenías con el mundo ha desaparecido. Alguien ha cortado el cable y no hay línea. Pero ni siquiera eres capaz de preguntarte qué ha pasado.

Con el paso de los días los sonidos llegan más claros, entiendes mejor a quienes te rodean y empiezas a darte cuenta que, quizás, deberías arreglar el cable de conexión con el mundo. Pero no lo haces, porque aún estás en el fondo, recuperándote de la caída. 

Pasan más días y ya lo escuchas todo perfectamente. Las imágenes llegan a ti con nitidez. Entiendes lo que el mundo y las personas intentan decirte y te comunicas con ellos. Y repasando los días anteriores y con el cable en la mano piensas que no, que no tiene solución: este cable está quemado, totalmente roto. La única solución es reconectarte al mundo con un nuevo cable. 

Así que te levantas, te sacudes el polvo y te pones con ello.

Siempre había escuchado lo importante que es tocar fondo para volver a empezar, porque lo haces con más fuerzas, con más ganas. Pero nunca lo había entendido. ¿Cómo es posible que una persona necesite destrozarse con una caída así para encauzar su vida? No tiene sentido….

Y, sin embargo, es verdad.

Quizás ahora te gustaría escuchar que, en realidad, no hace falta caer para volver a empezar. En tu mente quieres que ahora te cuente que existe un camino fácil para no llegar a eso, que hay una solución previa. Lo siento mucho pero no, no es así. Hoy no vengo a vender cosas bonitas. Vengo a decirte cómo es la vida y la belleza que hay incluso en los momentos más difíciles. 

Porque es verdad: caer no es tan horrible como lo pintan, al menos una vez pasado el golpe. Cuando eres capaz de ver todo con perspectiva te das cuenta de lo magnífico que eres, de lo hermoso que eres. De la fuerza que tenías escondida en tu interior. 

Caer duele, lo sé. Duele muchísimo. Pero si no caes no sentirás nunca la increíble sensación de levantarte. 

Camina. Lucha. Vive. Ama. Llora. Ríe. Que nunca te pare el miedo a caer.

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