Mi mundo

Los días “chof”

Justo ayer subí una imagen a mi perfil de Instagram en el que hablaba de esos días de bajón que te arruinan cualquier momento. Esos días chof que convierten un día normal en un día horroroso, cuyo fin parece no llegar nunca. Esos días en los que sólo piensas en tu cama y en el momento en el que puedas meterte en ella y desaparecer bajo las mantas durante horas.

Con ese sentimiento he estado tres días. ¡Tres días! Si es que no hay cuerpo que aguante tanto meneo. Y confieso que en esos tres días también hubo lágrimas, porqué no contarlo todo.

Espero que no estés pensando: “madre mía, qué tía más loca”. Prefiero imaginarte asintiendo delante del ordenador mientras murmuras: “ay amiga… el síndrome premenstrual”. Porque sí, amigos, ése era el causante de todos mis males.

Desde que me bajó el periodo con 12 años siempre he sufrido muchísimo con la regla. Dolores terribles, hasta el punto de no ir a clase o pasarlo realmente mal en el trabajo, donde no podía escaquearme tan fácilmente como en la universidad. Con el tiempo descubrí que soy de ese “maravilloso” club de la endometriosis, de ahí los terribles dolores que sufría cada mes.

Con el paso del tiempo comencé a tomar la píldora anticonceptiva y eso aplacó un poco a la bestia, pero nunca del todo. Además, nunca me ha hecho gracia tomarla por la cantidad de efectos secundarios que causan en el cuerpo de una mujer, pero en este caso tuve que tragarme mis palabras: aunque el alivio fuera poco ya era suficiente para poder sobrellevar mejor los días de regla.

Aún así, decidí dejarla durante un tiempo y no me fue tan mal. Creí que los dolores habían disminuido porque, al final, todo son etapas (ilusa de mi), así que disfruté de unos dos años sin píldora y sin demasiados dolores.

La sorpresa llegó hace un año y medio, cuando fui a la consulta de mi ginecóloga para que me enviara algún método anticonceptivo que no fuera la píldora. Y también a realizarme la revisión anual correspondiente. Pero, ¿qué pasó cuando hizo la ecografía? Oh, oh… descubrimos que mi ovario izquierdo no se sentía nunca solo porque, efectivamente, no estaba solo. Estaba acompañado de un quiste endometriosico de 6 centímetros. Sí amigos, en mi interior hay un alien de 6 cm que me acompaña allá a donde voy.

Yo, que iba con el discurso bien aprendido de “píldora no, gracias”, tuve que callarme y empezar a tomarla. Dicen los ginecólogos que es la mejor forma de parar el avance de estos quistes y de la endometriosis en general, por lo que no pude decir que no. Y, en fin, ya había tomado la píldora en anteriores ocasiones. ¿Qué podía salir mal?

Pues no sé si es la combinación del quiste con la píldora o qué diablos está pasando, pero desde que comencé hace año y medio con el tratamiento soy un cóctel de hormonas andante. Me ha cambiado el carácter, las cosas me afectan más pero a la vez menos (lo sé, es muy raro), mi cuerpo tampoco es el mismo y siento un miedo atroz por todo. Así que días como este en el que no me aguanto ni yo me enfado, y me enfado muchísimo. Porque en cierto modo me culpo por estar así, por sentirme así. Por no ser capaz de controlar esta locura que emana de mi interior.

Sé que no debería sentirme así. Al fin y al cabo no soy la única, ni la primera, ni la última mujer que lucha con sus hormonas. Pero es que si lo pienso friamente… estas no son mis hormonas. Antes de tomar la píldora también tenía el síndrome premenstrual pero no a estos niveles, era algo controlable. A lo sumo duraba un día.

También se junta el sentimiento de pánico absoluto al pensar que estoy intentando controlar el crecimiento de este quiste y, tal vez, no sirva para nada: perderé el ovario y con él el 50% de posibilidades de ser madre, un sueño que tengo desde niña y que, cada vez, veo más lejos… Pero de eso hablaremos en otro momento (con el bajón que llevo este es el momento menos indicado para hablarlo).

En fin… que siempre termino pensando que la vida son dos días y que debo tirar para adelante. Que hoy será un día de mierda pero mañana, probablemente, será un gran día. O, al menos, voy a luchar para que así sea.

Como dije ayer en la foto de Instagram, por favor, dime que a ti también te pasa, confiesa que tienes esos días en los que las hormonas te invaden y, por un momento, ganan la batalla. Creo que compartiendo nuestras desdichas nos sentiremos mejor. Porque ya lo dice el dicho: consuelo de muchos, consuelo de tontos jajaja.

¡Nos vemos el jueves! Prometo que con mejor humor 🙂

Ciao, ciao!

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