Cosas que odio

La fiambrera

Amigos, hoy vengo a contarles que no me gusta mi trabajo. Más que no gustarme, lo aborrezco. Y más que aborrecerlo, muchas veces, se trata de la sensación tan asfixiante de saber que no estoy haciendo nada con mi vida, que trabajo para gente que espera demasiado de mi sin dar nada a cambio.

Pero, por si no te habías dado cuenta, te lo confirmo: odio mi trabajo.

Desde que me mudé a las afueras de Madrid puedo disfrutar de unos minutos en el transporte público (sí, disfrutar). ¿Y qué hago en ese tiempo? Depende del día: leo, observo, cierro temas pendientes, medito, pienso…

De las cosas que he nombrado, la última es la más peligrosa.

No se que hacer con mi vida
Pensar, pensar y volver a pensar…

Hace unos cuantos días, de camino al trabajo, iba embelesada mirando por la ventana, apreciando el paisaje que tenía ante mí. Ver el campo, una imagen tan bucólica, me relaja, así que me regalé ese momento de tranquilidad para dejar la mente en blanco y, simplemente, disfrutar. Sin embargo, pasados unos segundos, comencé a sentirme incómoda. Algo no cuadraba. Algo estaba estropeando el momento.

Esa sensación fue sacándome lentamente de mi ensoñamiento, convirtiéndose en algo realmente molesto. Comencé a buscar al culpable. ¿Quién o qué se estaba atreviendo a interponerse entre mi momento de relax y yo? Y entonces lo sentí.

Comencé a sentir un tela áspera entre mis dedos. Una tela que, sin darme cuenta, estaba apretando con fuerza. Después, pasé a sentir un peso sobre mis piernas, algo que hasta entonces no había notado, algo que no debería estar ahí. Dirigí la vista hacia ese lugar y lo descubrí: la fiambrera.

De repente, esa pequeña bolsa que contenía mi comida me dio asco. Pero no asco por lo que había dentro, que seguramente estaba riquísimo, sino asco por lo que representaba.

Para mi esa fiambrera representó, en ese momento, otra jaula más, otro obstáculo para la vida que quiero. Fue como si dentro de esa fiambrera no sólo estuviera mi comida, sino todos los días que he perdido a lo largo de mi vida. Perdidos porque no he conseguido alcanzar mis metas, porque vivo la vida de otros y no disfruto de la mía propia.

Fiambrera, Porta alimentos Iris
La culpa de todos los males

Odié la fiambrera, porque no quería comer en un tupper de nuevo. Porque estaba cansada de comer cada día en un cubículo cerrado, sin ver la luz del sol, con el cargante sentimiento de derrota posado sobre mis hombros.

Sé que es una tontería, que al fin y al cabo es sólo una bolsa donde metes el tupper, la fruta, el yogur y algo para media mañana. Pero en ese momento, justo en ese momento, significó tantas cosas para mi

Como ya dije, ésto me pasó hace ya unos días pero ahora, rememorando ese momento, vuelvo a sentir exactamente la misma rabia que me invadió ese día. La misma rabia que sentí al ver cómo la realidad me alejaba del momento de tranquilidad que estaba viviendo mientras miraba el paisaje por la ventana. Y fue en ese momento en el que dije basta, en el que me dije que ya era suficiente.

A partir de ese instante comenzó a fraguar en mi interior una llama, la chispa de revolución que prendió la idea y las ganas de abrir esta web. Y no sólo para conseguir mi objetivo de independencia, sino también para compartir con el mundo la rabia que se siente cuando ves que tu vida va directa a la basura, que cualquier cosa que hagas no tiene ningún beneficio para ti. Que todo se lo lleva otro y casi sin darte las gracias. Sé que somos muchos lo que nos sentimos así porque lo veo, lo veo cada día. Del mismo modo que sentí como quemaba la fiambrera en mis manos pude sentir la apatía que se respiraba en ese vagón.

Sólo tienes que hacer un simple ejercicio: colócate una mañana en cualquier salida de metro, una que sea concurrida porque haya un centro de negocios o muchas empresas alrededor. Observa a los que suben las escaleras. Fíjate en los muchos, cientos, que llevan en sus manos una fiambrera. Mira bien sus caras. De 50 que veas, ¿cuántos van sonriendo? ¿Cuántos llevan brillo en sus ojos?

Sé que todo en esta vida son etapas. Sin ir más lejos, hace unos años yo formaba parte de ese pequeño porcentaje de personas que llega sonriente al trabajo.

Y también sé que es complicado dedicarse a lo que nos gusta, vivir de nuestra pasión.

Del mismo modo que sé que todo son etapas, que todo cambia y que es muy complicado encontrar tu lugar, también sé que es posible. Tal vez sólo haga falta un pequeño empujón. Algo que te revuelva de tal forma que notes que todo a tu alrededor tiembla, que el suelo no es estable. Que la tierra que pisas no la adecuada y debes cambiar de camino.

Ese seísmo lo sentí con una simple fiambrera y, por eso, estoy aquí.

¿Qué provocó tu seísmo?

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