Mi mundo

Vivir con pasión

Suena el despertador, te preguntas por qué. Das a esa trampa mortal llamada “cinco minutos más”; así hasta cinco veces. Te resignas a la vida y te levantas, caminas como un zombie hasta el baño poniendo toda tu fe en la ducha: ¡despiértame! Desayunas o no, todo depende de cuántas veces hayas pulsado “cinco minutos más”. Al final, sales corriendo porque llegas tarde, como siempre. Cuando llegas a tu lugar de trabajo te desplazas arrastrando los pies hasta llegar a tu sitio, y allí miras las horas pasar hasta que llega el momento de marchar.

Cuando tu jornada finaliza respiras y sonríes, porque al fin puedes ir a casa. Sin embargo, al llegar a ella, sigues arrastrando los pies. Hay ropa por lavar, la cena y la comida de mañana no se hacen solas, el salón está hecho un desastre… Así que te tiras en el sofá. Cuando quieres darte cuenta ha pasado el tiempo y, o bien lo haces todo corriendo o bien ya será problema de tu yo del mañana. Te acuestas, ni siquiera reflexionas en cómo ha ido el día, y unas horas más tarde suena de nuevo el despertador.

Qué maravilla, ¿verdad?

Así es el día de la inmensa mayoría de personas. Una sucesión de eventos que se repiten constantemente. Se han repetido tantas veces que sabes perfectamente qué te gusta y qué no. Hay cosas que ves venir y te enfadas, porque sabes cómo va a terminar. Porque ya lo has vivido, porque tienes experiencia en esas cosas. Porque, al fin y al cabo, vives en el día de la marmota. 

Si cada día es igual, si siempre te pasa lo mismo, ¿por qué no lo cambias? ¿Por qué no modificas tu forma de ver las cosas? Porque has olvidado vivir con pasión, con ganas. 

Lo más importante es darte cuenta de ello. Reconocer en tu interior que solo vives para que el día termine rápido y llegue la hora de dormir; o vives contando los días para el fin de semana; o vives contando las horas para que llegue esacosaqueteharáfeliztemporalmente. Darte cuenta que no estás viviendo, estás malviviendo. 

Una vez has sido consciente, ¿qué debes hacer? No soy coach ni una especie de gurú espiritual. Tampoco pretendo serlo. Simplemente voy a compartir qué hago cuando me desvío del rumbo previsto, cuando permito que el exterior afecte a mi interior.

Primero: intento entender por qué está pasando esto, qué me ha hecho perder la pasión. En mi caso, normalmente, es mi trabajo. Cuando asumo que esta es la causa me pregunto: ¿por qué le das tanta importancia? Tu empleo es simplemente un medio para ganar un salario el cual te permita vivir (medianamente) bien. Este paso me cuesta mucho, muchísimo. Mi mente se resiste a este tipo de cosas. ¿Por qué tengo que aguantar este trabajo? ¿Por qué tengo que aguantar a mi jefe? Todos los días imagino como cojo mis cosas, le digo al jefe “ahí te quedas” y me voy directa al paro. Pero eso sería lo fácil y aquí hemos venido a jugar.

Segundo paso: busco inspiración. Muchas veces es difícil sacar de ti mismo la fuerza necesaria para vivir con pasión. Por eso lo que hago es “robar” a otras personas. Veo vídeos en YouTube de gente que vive la vida tal y como lo desea, personas compartiendo sus consejos o qué les ha cambiado la vida. Y si esos vídeos contienen reflexiones espirituales, mucho mejor. También leo libros que me muestran qué hay realmente en mi interior y cómo puedo usarlo. Libros que abran mi mente y me enseñen otras rutas que conduzcan a mi objetivo. 

Tercer paso: fliparse. Sin más. Tal vez hayas visto vídeos de gente con una vida maravillosa, y piensas “eso es imposible”. Vale, muchos vídeos mienten, solo muestran el lado bonito y positivo de la vida. Pero, ¿sabes qué? Por un momento piensa que es así, que es real, que todo lo que has visto sucede ahí fuera. Y una vez ese pensamiento te haya invadido, flípate. Pero hazlo como si no hubiera un mañana. Es como esa teoría sobre la risa: por muy triste que estés, sonríe durante un minuto. Te aseguro que a los 30 segundos ya estarás riéndote. La mente es lista, es inteligente, pero también podemos engañarla. Por eso, flípate, cree en lo imposible, vive como si ya lo tuvieras hecho, como si toda la motivación del mundo radiara de ti. Y cuando menos te lo esperes, podrás con todo.

Cuarto paso: ejercicio y meditación. Odio hacer ejercicio, pero mi espalda lo demanda cada vez más. Por eso, intento cada día hacer una tabla de estiramientos específicos para esta zona y luego varias asanas de Yoga. Después, con el cuerpo relajado por el ejercicio, trabajo mi mente con la meditación. ¿El momento ideal para hacer eso? Justo al despertar. ¿Voy a sacrificar horas de sueño antes de ir al trabajo? Em… no. Por ahora lo practico después del trabajo, buscando un hueco entre las mil cosas por hacer. Cuando no encuentro hueco, me pregunto: ¿Qué es más importante, tu cuerpo y mente o [insertar cosa estúpida por hacer]?. Si te quieres aunque sea un poco, siempre ganará tu cuerpo.

Por último y de forma opcional, algunas noches, antes de dormir, tomo mi diario y escribo sobre mi día. Pero no sobre el día que realmente he vivido, sino sobre mi día ideal. ¿Qué me habría gustado vivir? Con esto ya entramos de lleno en la Ley de la atracción, pero creo que es un buen ejercicio tanto si crees en ella como si no. Mientras escribes cómo hubiera sido tu día ideal una parte de ti se lo cree, lo siente como real. Y, sin darte cuenta, te acuestas más feliz, más relajado, porque has hecho lo que deseabas. Ese sentimiento seguirá ahí al día siguiente, cuando despiertes, y te ayudará a vivir con más pasión. 

Estos son mis consejos para recuperar las ganas de vivir la vida al máximo. Una vez te llenas de energía estás listo para cumplir todo lo que te has propuesto. Ordenar ese rincón que lleva meses siendo un caos, leyendo ese libro que no terminas, escribiendo una entrada en el blog o dibujando letras bonitas para Instagram. Da igual qué es lo que te hace vibrar. Simplemente márcate un objetivo y brilla.

Y te preguntarás, ¿cumplo todos los días estos pasos? Ni de coña. Mi vida no es tan bonita como la de los youtubers. Hay días en los que simplemente me tiro en el sofá y dejo pasar las horas, regodeándome en mis miserias. Pero la mayoría de veces intento cumplir estos puntos. Te aseguro que esos días son los más felices y los que más completa me hacen sentir.

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